Amaral — Cantante y compositora

Dúo zaragozano formado por la cantante Eva Amaral y el guitarrista Juan Aguirre, Amaral es una de las propuestas más sólidas del pop-rock en español de las últimas tres décadas. Con álbumes como Estrella de mar (2002) y canciones como «Moriría por vos», «El universo sobre mí» o «Sin ti no soy nada», han construido…

Índice de contenidos

Amaral, la canción como territorio compartido

En el panorama del pop-rock en español de los últimos treinta años, pocos artistas han conseguido lo que Amaral ha conseguido: mantener durante casi tres décadas una voz artística propia y reconocible, una base de público fiel y amplia, y una coherencia interna que hace que su obra más reciente suene como extensión natural de la primera, aunque la distancia temporal y estilística entre los dos extremos sea considerable. El dúo formado por Eva Amaral y Juan Aguirre, ambos naturales de Zaragoza, es uno de los ejemplos más sólidos de lo que puede construirse cuando el talento compositivo, la claridad de propósito y la disposición a crecer sin traicionarse se combinan en la medida adecuada. Su historia es la de una de las aventuras musicales más genuinas de la España contemporánea.

Eva María Amaral Martín nació el 12 de junio de 1972 en Zaragoza. La capital aragonesa, que produjo en los años ochenta y noventa una generación de artistas de rock y pop alternativo notablemente rica —Bunbury y Héroes del Silencio son el nombre más conocido, pero el ecosistema musical zaragozano de esos años tenía una densidad que va mucho más allá de un solo nombre— fue el contexto en que Eva Amaral y Juan Aguirre se conocieron y comenzaron a hacer música juntos a principios de los años noventa. Los primeros años fueron de aprendizaje y de búsqueda: el sonido que los haría famosos no estaba todavía definido, y la pareja —que se convertiría también en pareja sentimental— pasó varios años experimentando con diferentes aproximaciones antes de encontrar la que sería la suya.

La formación de Amaral como dúo, en lugar de como banda completa, fue una decisión que definiría toda su carrera: la economía de medios que impone la configuración mínima de voz y guitarra obliga a buscar la sustancia de las canciones en los elementos más esenciales —la melodía, la letra, la dinámica entre los dos instrumentos principales— y no en la densidad del arreglo. Esta economía, que podría haber resultado en limitación, se convirtió en uno de los rasgos más distintivos de su trabajo: las canciones de Amaral funcionan en su versión más desnuda, con voz y guitarra acústica, con la misma eficacia que en su versión de estudio, y eso es la señal más clara de que están bien escritas.

El debut y los primeros álbumes

El álbum debut de Amaral, publicado en 1998 bajo el título homónimo, fue una presentación que el mercado musical español recibió con interés pero no con el entusiasmo masivo que llegaría más tarde. Las canciones mostraban ya las características que definirían toda su obra —la voz de Eva, el trabajo armónico de la guitarra de Aguirre, las letras que buscaban la emoción sin caer en el sentimentalismo— pero el sonido estaba todavía buscando su forma definitiva. Ese proceso de definición ocurrió en los años siguientes, y el resultado fue uno de los álbumes más influyentes del pop en español de su época.

Estrella de mar (2002) fue el punto de inflexión. El álbum contenía canciones que se convirtieron en clásicos casi inmediatamente: «Moriría por vos», con su inusual uso del voseo rioplatense en una canción pop española, que llegó directamente al corazón de los oyentes de ambos lados del Atlántico; «El universo sobre mí», una balada de una grandeza melódica que pocos dúos pop han alcanzado; «Sin ti no soy nada», que se convertiría con el tiempo en una de las canciones más versionadas del pop en español de las últimas décadas. Estrella de mar fue un éxito de ventas masivo en España y América Latina, y su repercusión en la trayectoria de la banda fue la de cualquier álbum que supera todas las expectativas razonables: la de definir un punto de referencia que los trabajos siguientes tendrían que esforzarse por no solo igualar sino superar.

La madurez y la evolución del sonido

La discografía de Amaral después de Estrella de mar es la de una banda que ha sabido crecer sin perder lo que tenía. Álbumes como Pájaros en la cabeza (2005), Gato negro dragón rojo (2008), Hacia lo salvaje (2011), Nocturnal (2017) y Underground (2021) han mantenido un nivel de calidad compositiva e interpretativa que muy pocos artistas consiguen sostener a lo largo de tanto tiempo. Cada uno de estos álbumes ha aportado algo nuevo al universo de Amaral —una exploración de sonidos electrónicos aquí, una vuelta a los arreglos más orgánicos allá, una apertura hacia influencias del rock de los setenta o del folk norteamericano— sin que ninguna de estas incursiones haya resultado en un disfraz sino en una ampliación genuina del idioma.

Los Premios Ondas, los Grammy Latinos y los demás reconocimientos que han acumulado a lo largo de su carrera son el aval institucional de una calidad que el mercado ya había certificado con las ventas. Pero más significativo que la suma de premios es el tipo de fidelidad que han generado en su público: los fans de Amaral no son solo consumidores de sus canciones sino personas que sienten que los discos de la banda acompañan momentos importantes de sus vidas, que hay algo en esas canciones que habla de cosas que importan y que no se agota con las escuchas. Esa clase de vínculo es la que solo construyen los artistas que escriben desde un lugar de honestidad genuina.

La voz de Eva Amaral

La voz de Eva Amaral es el centro de todo lo que hace Amaral, pero no de la manera en que la voz de una diva es el centro de su proyecto —no como exhibición de facultades extraordinarias sino como instrumento de comunicación directa, de una eficacia que no depende del virtuosismo sino de la verdad de lo que transmite. Es una voz de mezzo-soprano con un timbre ligeramente rasgado en los registros más agudos, una cualidad que en términos técnicos podría describirse como una limitación pero que en la práctica añade una textura emocional que una voz técnicamente más perfecta no conseguiría: la sensación de que quien canta está poniendo algo de sí misma que no está del todo bajo control, que la emoción es tan genuina que desborda ligeramente los límites de lo que la técnica puede contener.

Su manera de habitar las canciones —de empezar cada frase desde dentro del texto, de construir la dinámica a lo largo de la canción como si fuera una historia que se desarrolla en tiempo real— es uno de los rasgos que sus colaboradores más destacan. Juan Aguirre ha hablado en varias entrevistas de cómo Eva Amaral da vida a las canciones en el estudio con una primera toma que a menudo resulta ser la definitiva: no porque sea perfecta en términos técnicos sino porque tiene algo que las tomas más elaboradas no pueden recuperar, esa frescura de quien se enfrenta al texto por primera vez y lo encuentra.

Zaragoza y la identidad propia

La relación de Amaral con Zaragoza ha sido siempre presente aunque no siempre explícita. La ciudad aparece en su obra no como referencia geográfica sino como estado de ánimo: una cierta manera de entender la vida que tiene que ver con la distancia del centro, con la perspectiva que da el no estar en Madrid ni en Barcelona, con la posibilidad de desarrollar un proyecto artístico propio sin la presión constante de las modas que dictan los mercados más visibles. Zaragoza ha producido en los últimos cuarenta años una cantidad de artistas notables desproporcionada con su tamaño, y Amaral es uno de los nombres más brillantes de esa lista. Es también una de las bandas que mejor ha sabido exportar algo que es inequívocamente suyo —su sonido, su manera de entender la canción pop— al mercado internacional sin tener que renunciar a nada de lo que las define para hacerlo más digerible.

La carrera de Amaral es, en el contexto del pop en español, uno de los ejemplos más estimables de lo que es posible cuando se entiende el éxito no como fin sino como consecuencia: la consecuencia de hacer bien lo que se hace y de seguir haciéndolo con la misma honestidad durante todo el tiempo que haga falta. Las canciones son la prueba, y las canciones duran.

Biografías relacionadas

← Volver al archivo de biografías