Madrid, 1981: el trío del Gabinete
Gabinete Caligari nació en Madrid en 1981 como trío. Sus tres miembros fundadores —y únicos en toda su historia— fueron Jaime Urrutia, guitarra y voz y compositor principal del grupo; Fernando «Ferni» Presas, bajo y encargado también de la gestión y las finanzas del grupo; y Eduardo «Edi» Clavo, batería y responsable de la imagen y el arte gráfico del grupo. La división de roles era tan clara como inusual: Urrutia componía y cantaba; Presas gestionaba y tocaba el bajo; Clavo construía la identidad visual. Los tres venían de la escena underground madrileña: Urrutia procedía del grupo Ejecutivos Agresivos y había tenido una breve etapa previa en una formación llamada Los Drugos.
El nombre del grupo fue tomado de la película expresionista alemana El gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920), una de las obras maestras del cine de terror y del expresionismo alemán, reconocible por sus escenarios angulosos, sus sombras dibujadas a mano y su atmósfera de pesadilla hipnótica. El nombre ya adelantaba el carácter oscuro, literario y ligeramente perturbador que definiría su propuesta musical: Gabinete Caligari no sería un grupo de rock and roll de fiesta, sino un grupo de letras incómodas y melodías que se quedaban pegadas aunque no lo pareciese. La Movida Madrileña de 1981 tenía decenas de grupos que buscaban su sonido propio, pero muy pocos con una identidad cultural tan articulada y tan consciente de sus referentes literarios y cinematográficos como Gabinete Caligari.
Los primeros pasos y el debut (1981–1985)
En 1981 Gabinete Caligari publicó sus primeras canciones en un single compartido con el grupo Parálisis Permanente —uno de los grupos más icónicos de la Movida, liderado por Eduardo Benavente junto a una joven Alaska—, titulado Golpes. Que el primer lanzamiento de Gabinete Caligari fuera en compañía de Parálisis Permanente, uno de los nombres clave del underground madrileño del momento, situaba al grupo desde el inicio en los círculos más creativos y radicales de la nueva ola. Al año siguiente llegó otro single, Obediencia (1982), y en 1983 el primer álbum de estudio, Que Dios reparta suerte, que estableció al grupo en el mapa de la nueva ola madrileña con una propuesta ya perfectamente definida. El estilo de Gabinete Caligari era una mezcla de post-punk, rock urbano y poesía callejera: letras que describían los márgenes de la ciudad con una precisión casi cinematográfica —bares de barrio, amores de madrugada, soledad urbana, personajes de la noche—, sobre una música que nunca fue abrasiva sino que mantenía siempre cierta elegancia melancólica y una accesibilidad que los distinguía de otros grupos más ruidosos de su entorno.
Cuatro rosas (1984/85) amplió el alcance del grupo y contenía la canción que dio título al álbum, una de las más queridas de todo su catálogo: una historia de amor y desamor construida sobre una imagen de cuatro rosas que capturaba con perfecta economía poética la promesa y la decepción sentimental. Al calor del amor en un bar (1985/86) continuó la trayectoria ascendente y preparó el terreno para el gran golpe que llegaría en 1987.
El gran éxito: «Camino Soria» (1987)
El punto álgido de la carrera de Gabinete Caligari llegó en 1987 con el álbum Camino Soria, que vendió más de trescientas mil copias y fue su mayor éxito comercial, el mejor registro de ventas de toda su trayectoria. Para grabar el disco, EMI pagó cuatro millones de pesetas a cada uno de los tres miembros del grupo, y la discográfica DRO recibió diez millones de pesetas para cederlos durante la producción. Las cifras daban medida del interés que Gabinete Caligari despertaba en la industria en ese momento. La canción que daba título al álbum —una balada emocionante que combinaba la evocación literaria del paisaje castellano en la tradición de Antonio Machado con la melancolía de un amor perdido en tierras de Soria— se convirtió en uno de los grandes clásicos del pop español de los 80 y en la canción más querida y recordada de toda la carrera del grupo. La culpa fue del cha-cha-chá, en la línea más alegre y bailable del repertorio del grupo, completaba un disco que demostraba la amplitud de registro de Jaime Urrutia como compositor: capaz de la balada literaria y del ritmo infeccioso con la misma soltura y sin que ninguna de las dos caras sonara forzada o impostada. El álbum fue producido con mayor presupuesto y mayor cuidado sonoro que sus predecesores, y el resultado fue un disco que sumó a los ya convencidos miles de nuevos oyentes que hasta entonces no habían prestado atención al grupo.
La etapa final (1989–1999)
Tras el pico de Camino Soria, el grupo siguió publicando discos hasta finales de los 90 con una regularidad y una coherencia notables. Privado (1989) exploró sonidos más electrónicos sin renunciar a la esencia del grupo; Cien mil vueltas (1991) fue acaso el más introspectivo de su catálogo; Gabinetíssimo (1995) y ¡Subid la música! (1998) cerraron una discografía notable, con ocho álbumes de estudio construidos en menos de dos décadas de trabajo. En 1999, Jaime Urrutia tomó la decisión unilateral de disolver el grupo. «Fui yo quien cortó la historia de Gabinete, y lo siento», declararía años después, reconociendo que la disolución había sido una decisión personal suya y no el resultado de una ruptura colectiva o de un agotamiento creativo evidente. Desde entonces Urrutia ha desarrollado una carrera en solitario de manera persistente y sin prisa, con discos que mantienen la misma vena introspectiva, literaria y poética que caracterizó a Gabinete Caligari a lo largo de sus dieciocho años de vida.
Legado
Gabinete Caligari fue uno de los grupos más personales e irrepetibles de la Movida Madrileña y de toda la historia del pop rock español. Su combinación de post-punk oscuro con la tradición del costumbrismo urbano español —la mirada de Baroja o Delibes trasladada al bar de la esquina y al piso de alquiler— y la voz inconfundible de Jaime Urrutia —capaz de pasar de la rabia a la ternura en el mismo verso, de la ironía al lirismo en la misma canción— los sitúa en un lugar propio y difícilmente comparable en la historia del pop español. Nunca quisieron ser grandes: quisieron ser buenos, y lo fueron. Y en esa decisión —tan rara en la industria musical— reside buena parte de la razón por la que su música sigue sonando verdadera décadas después de haber sido grabada, mientras muchos de los grupos que fueron más grandes que ellos han quedado fechados en su época sin remedio.
Sus canciones, especialmente Camino Soria y Cuatro rosas, siguen siendo referencia para cualquiera que quiera entender qué fue la música española de los años 80 en su vertiente más literaria y más cargada de sentimiento. La coherencia de los tres miembros del grupo a lo largo de toda su trayectoria —sin cambios de formación, sin traiciones al estilo, sin concesiones a las modas pasajeras ni peleas públicas de las que viven los tabloides— es casi una rareza en la historia del rock español, y contribuye a hacer de Gabinete Caligari una de las historias más limpias y más dignas de ese período musical tan rico y tan agitado.
Discografía de estudio
- Que Dios reparta suerte (1983)
- Cuatro rosas (1984/85)
- Al calor del amor en un bar (1985/86)
- Camino Soria (1987)
- Privado (1989)
- Cien mil vueltas (1991)
- Gabinetíssimo (1995)
- ¡Subid la música! (1998)
Miembros
- Jaime Urrutia — guitarra, voz, composición (1981–1999)
- Fernando «Ferni» Presas — bajo (1981–1999)
- Eduardo «Edi» Clavo — batería (1981–1999)