Siniestro Total

Siniestro Total, el punk más divertido y más corrosivo que dio España En la historia del punk y del rock alternativo en España, Siniestro Total ocupa un lugar que ningún otro grupo ha podido usurpar: el de la banda que demostró que el humor y la inteligencia no son incompatibles con la energía más descarnada…

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Siniestro Total, el punk más divertido y más corrosivo que dio España

En la historia del punk y del rock alternativo en España, Siniestro Total ocupa un lugar que ningún otro grupo ha podido usurpar: el de la banda que demostró que el humor y la inteligencia no son incompatibles con la energía más descarnada del punk, que se puede hacer ruido con ironía, que la sátira social puede venir envuelta en tres acordes tocados a velocidad de derribo. Formados en Vigo en 1981, el grupo liderado por Julián Hernández fue durante décadas el proyecto más consequente y más libre del punk en castellano: una banda que no respetaba nada y que, precisamente por eso, se ganó el respeto de todo el mundo.

El grupo nació en Vigo en los primeros años de la transición democrática española, en el contexto de una ciudad que la cultura oficial ignoraba pero que tenía una energía musical y artística que en aquellos años no tenía equivalente en la España periférica. Julián Hernández, el cantante y motor intelectual del grupo, era exactamente el tipo de persona que el punk había inventado para sí mismo: alguien con una inteligencia afilada, una rabia real contra el estado de las cosas, y la conciencia de que la mejor manera de expresar esa rabia era a través del humor más negro y más despiadado. Alberto Torrado en la guitarra, Germán en el bajo y Javier Soto en la batería completaron la formación inicial de un grupo que desde el principio sonó como si el punk de los Ramones y los Dead Kennedys hubiera sido destilado a través del temperamento gallego.

El nombre del grupo —Siniestro Total— era perfecto: evocaba catástrofe y totalidad, sugería que lo que venía era completo y sin redención, y tenía el punto de grandilocuencia irónica que el grupo convirtió en seña de identidad. En Siniestro Total siempre había dos niveles de lectura: el de la superficie, donde todo sonaba a caos y destrucción, y el de debajo, donde el caos y la destrucción eran un ejercicio de precisión quirúrgica.

Los primeros discos: el punk como crítica y como fiesta

¿Cuándo se come aquí? (1982), el debut del grupo, fue una de las entradas más memorables en la historia del punk español. El título —pregunta directa, sin preámbulos, con la urgencia de quien ha llegado tarde y tiene hambre— anunciaba perfectamente lo que había dentro: canciones brevísimas, violentas, tocadas con la velocidad y la furia del mejor hardcore, pero con letras que tenían el ingenio y la mala leche que el punk anglosajón raramente alcanzaba en el terreno de la sátira social. Las canciones del debut atacaban todo lo que se movía: la hipocresía social, el militarismo, la iglesia, la izquierda burocrática, los nacionalismos de toda clase, la España oficial y la España alternativa por igual.

Siniestro Total era un grupo que no tenía ideología en el sentido convencional pero que tenía algo más difícil de encontrar: principios. El principio de atacar siempre hacia arriba, de no respetar ningún poder constituido, de mantener la irreverencia como posición de principio y no como pose. Esta coherencia, que en el punk español era poco frecuente, les valió acusaciones de todos los frentes: los de derechas los odiaban por obvias razones, pero los de izquierdas tampoco los encontraban cómodos porque el humor de Siniestro Total no respetaba los dogmas de ningún bando.

Bailaré sobre tu tumba (1983) y los álbumes que siguieron a lo largo de los años ochenta confirmaron la dirección: Siniestro Total era un grupo que no se cansaba y que no se repetía, capaz de pasar del punk más rápido a la balada más sardónica sin perder la coherencia de su propuesta. La canción «Ayatola, no me toques la pirola», publicada como single en 1983, fue uno de los momentos más polémicos y más representativos del grupo: una celebración de la irreverencia que causó escándalo en todos los sectores y que por eso mismo definió perfectamente lo que Siniestro Total era.

El humor como arma y como forma de vida

El humor de Siniestro Total merece un análisis separado porque no era lo que parecía desde fuera. Lo que desde fuera podía parecer simplemente chiste o gamberrismo era en realidad una posición estética y filosófica compleja: la idea de que el humor es la forma más directa de llegar a la verdad, que la risa es subversiva de maneras que el panfleto nunca puede ser, que el absurdo puede ser más político que el realismo social. En esto, el grupo emparentaba más con la tradición del humor inglés de Monty Python o los Bonzo Dog Band que con el punk más purista.

Las letras de Julián Hernández tenían una calidad literaria que el marco del punk ocultaba: referencias cultas mezcladas con argot de barrio, estructuras narrativas que en canciones de dos minutos lograban crear personajes y situaciones, imágenes que eran divertidas en la superficie y perturbadoras si se miraban de cerca. Esta capacidad de trabajar en varios registros simultáneos, que es la marca del mejor humor, hacía que las canciones de Siniestro Total funcionaran para oyentes muy diferentes: para el adolescente que quería canciones rápidas y graciosas, para el universitario que buscaba crítica social, y para el crítico de música que reconocía la tradición en la que el grupo se insertaba.

Los covers que el grupo grabó a lo largo de su carrera —versiones de canciones de todo tipo, desde los Beatles hasta canciones populares pasando por himnos de los más variopintos géneros— eran también parte de ese proyecto: desnudar las canciones de su contexto original, mostrarlas desde un ángulo diferente, hacer visible lo que estaba oculto en ellas o añadirles una capa de sentido que el original no tenía. El resultado era a menudo más revelador que cualquier análisis crítico.

Tres décadas sin parar

Siniestro Total siguió activo a lo largo de los años noventa y dos mil con una vitalidad que desmentía la idea de que el punk es música de juventud. Mientras el punk más purista tendía a fossilizarse en fórmulas que se repetían sin evolución, Siniestro Total incorporó a su propuesta elementos de todo tipo —la música latina, el rock alternativo de los noventa, la electrónica— sin abandonar nunca la velocidad y la actitud que eran su esencia. Esta capacidad de evolucionar sin traicionarse, que en el rock es tan difícil de conseguir, les permitió mantener una audiencia que se renovaba con cada generación.

Los álbumes de madurez del grupo —Desde el muerto (1988), Ante todo mucha calma (1992), El año del cometa (1996)— mostraban a una banda que con el tiempo había ganado en profundidad sin perder en energía: las canciones eran más elaboradas que las del debut, las letras más complejas, las referencias más densas, pero la velocidad y la actitud seguían intactas. Esa evolución sin traición es la marca de los grupos que duran de verdad.

La influencia de Siniestro Total en el punk y el rock alternativo español posterior es incalculable: prácticamente todos los grupos de punk en castellano de las generaciones siguientes tienen algo de Siniestro Total, aunque sea la demostración de que se puede hacer punk en español sin complejo de inferioridad, o la idea de que el humor es compatible con la energía más desbordante. Su nombre es, tres décadas y media después de su formación, sinónimo de libertad sin concesiones.

Vigo como lugar de resistencia

No es casual que Siniestro Total viniera de Vigo. La ciudad gallega, que en los años ochenta vivía al margen de los focos mediáticos que iluminaban Madrid y Barcelona, tenía la ventaja de los lugares que no están en el centro: la libertad de hacer las cosas sin que nadie les preste atención, sin el peso de las expectativas y de los modelos establecidos. Desde Vigo, Siniestro Total podía mirar a toda España desde fuera y ver con claridad lo que desde dentro resultaba difícil de ver: las contradicciones, las hipocresías, los ridículos de una sociedad que había pasado de la dictadura a la democracia de manera vertiginosa y que no había tenido tiempo de procesar sus propios cambios.

Esta mirada gallega —irónica, un poco escéptica, con el distanciamiento del que observa desde la periferia— es parte fundamental de lo que hace que las canciones de Siniestro Total sigan siendo relevantes décadas después de haber sido escritas. Las cosas sobre las que cantaban siguen estando ahí, y la manera de cantarlas sigue siendo la más honesta y la más efectiva que el rock español ha encontrado para hablar de ellas.

En la historia del rock español, Siniestro Total es el grupo que más consecuentemente demostró que el punk es ante todo una actitud mental: la negativa a aceptar lo establecido, la insistencia en mirar las cosas sin los filtros que la sociedad ofrece para no tener que verlas de frente. Esa actitud, que en sus mejores momentos producía canciones de una claridad y una honestidad que el rock español raramente alcanzaba, es su legado más duradero.

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