Gregorio Yeves González, conocido en los escenarios como Goyo Yeves, nació el 1 de noviembre de 1968 en Valladolid. Es cofundador de Celtas Cortos y el miembro más veterano de una banda que en 2026 cumple cuatro décadas de actividad ininterrumpida. Multiinstrumentista especializado en los vientos —flauta de pico, flauta travesera, saxofón y tin whistle—, su aportación al sonido del grupo fue decisiva desde los primeros ensayos en el barrio de Las Delicias: sin su timbre de madera y latón, el folk-rock castellano que Celtas Cortos popularizó en los años noventa habría sonado radicalmente distinto.
Infancia y primeros pasos en Valladolid
Goyo Yeves creció en Las Delicias, el barrio obrero del sur de Valladolid donde la familia tiene profundas raíces. Su iniciación en la música llegó de manera casi accidental: en casa de sus hermanas había una flauta de pico, y a los diez u once años Yeves empezó a explorarla con la misma curiosidad que otros niños dedicaban a la pelota. Aquel primer contacto con un instrumento de viento marcaría toda su trayectoria posterior.
El itinerario formativo fue metódico: primero el solfeo, luego lecciones de dulzaina —el aerófono de doble lengüeta propio de la música popular castellana— en la Escuela Municipal de Música de Valladolid, y a los catorce años un salto hacia el saxofón, instrumento que le abría las puertas tanto al jazz como a la música de raíz. Paralelamente se incorporó al Colectivo Extraescolar de Música de Delicias, un espacio de encuentro entre jóvenes del barrio donde experimentaba con estilos y formaciones diversas. Fue allí, en esa intersección entre educación informal y exploración colectiva, donde comenzó a fraguar su concepto de la música como práctica comunitaria.
El germen de Celtas Cortos: el Instituto Delicias (1984)
En octubre de 1984, las aulas del Instituto Allúe Morer —situado en el mismo barrio donde Yeves había crecido— reunieron a cuatro estudiantes con un interés compartido por la música tradicional: Goyo Yeves, César Cuenca, Carlos Soto y Óscar García. La chispa fue un profesor de francés, Luis Martínez de Tejada, que además tocaba el violín y que introdujo al grupo en los sonidos de la tradición celta irlandesa y la música bretona. Aquella revelación transformó el enfoque de los cuatro: si la tradición popular podía producir aquella energía en las islas británicas y en Bretaña, ¿por qué no recrearla con instrumentos de raíz pero con la electricidad y la potencia del rock?
Durante los dos primeros años el conjunto trabajó sin nombre fijo, ensayando un repertorio puramente instrumental —flautas, ocarina, dulzaina, violín— que mezclaba melodías celtas con arreglos propios. A la formación original se fueron sumando músicos: Jesús Cifuentes al bajo y la guitarra española, y Nacho Castro a la batería. El sonido se iba densificando, pero seguía sin vocalista ni letra alguna.
El concurso que lo cambió todo (1986)
En 1986, el grupo participó en un concurso organizado por la discoteca Sharaton de Valladolid bajo el nombre de Colectivo Eurofolk. Ganaron el certamen y se hicieron con un premio de cien mil pesetas, pero la conquista más duradera fue el nombre: en aquel concurso adoptaron definitivamente el de Celtas Cortos, un apelativo que resumía con ironía su identidad —celtas de tierra adentro, sin litoral atlántico, en el corazón de Castilla.
La victoria en Sharaton fue el punto de arranque real de la banda como proyecto profesional. A partir de ese momento Celtas Cortos empezó a actuar en locales de Valladolid y su provincia, distribuyeron una demo de diez canciones entre sellos discográficos, y la cinta llegó a Paco Martín de Twins Records, que les ofreció su primer contrato. En 1989 apareció Salida de emergencia, el álbum de debut —todavía de corte mayoritariamente instrumental— que ponía en circulación el sonido que Yeves había contribuido a definir: gaitas, flautas, violines y metales entretejidos con guitarras eléctricas y sección rítmica de rock.
Los años del éxito (1990–1999)
La primera mitad de los noventa fue el período de mayor proyección de Celtas Cortos, y los vientos de Goyo Yeves formaron parte esencial de cada uno de los discos que lo hicieron posible. Con Gente impresentable (1990) el grupo superó las 180.000 copias vendidas e incorporó definitivamente las letras al repertorio, sin abandonar el esqueleto instrumental que los distinguía. El saxofón y los whistles de Yeves aportaban color y carácter celta a canciones que de otro modo habrían sonado simplemente a rock en castellano.
El salto definitivo llegó con Cuéntame un cuento (1991), que superó las 300.000 copias y obtuvo el Premio Ondas al mejor grupo de rock español. En aquel álbum cristalizó la fórmula madura de la banda: los vientos de Yeves —flauta travesera, tin whistle, saxo— dialogaban con las guitarras eléctricas y la voz de Cifu para producir una música que era simultáneamente festiva, con raíces reconocibles y capaz de calar en audiencias masivas. Canciones como «20 de abril» o el propio «Cuéntame un cuento» se convirtieron en himnos generacionales, y Yeves las tocó en incontables conciertos durante los años siguientes.
La cadencia de publicaciones fue sostenida: Tranquilo majete (1993), En estos días inciertos (1996), El alquimista loco (1998) y Tienes la puerta abierta (1999) consolidaron a Celtas Cortos como el grupo más sólido del folk-rock español de la década. En esos años Yeves se convirtió en uno de los instrumentistas más reconocibles de la escena alternativa española: su flauta, con su timbre cálido y su capacidad para evocar paisajes atlánticos desde el interior de Castilla, era seña de identidad indisociable del sonido del grupo.
La salida de Cifu y la continuidad del grupo (2002–2006)
En 2002 el vocalista Jesús Cifuentes abandonó Celtas Cortos para explorar nuevos proyectos en solitario. Para cualquier banda, perder al cantante fundador en el momento de mayor exposición pública habría podido significar la disolución. Goyo Yeves y el resto de la formación optaron por una respuesta diferente: continuaron. El grupo trabajó durante tres años con otro vocalista, mantuvo sus compromisos de gira y demostró que la identidad de Celtas Cortos residía tanto en su instrumental como en una forma de entender la música que trascendía la figura de cualquier integrante.
Desde su posición de miembro más veterano —en aquellos años ya era el único fundador original que permanecía— Yeves fue uno de los pilares que sostuvo la coherencia del proyecto durante ese período de transición. Su permanencia no fue solo simbólica: en la práctica, los vientos que aportaba eran el hilo conductor más reconocible entre el pasado y el presente del grupo.
El reencuentro y la segunda madurez (2006–presente)
En 2006, coincidiendo con el vigésimo aniversario de la banda, Cifu regresó a Celtas Cortos. La reunión fue bien recibida por el público y abrió una segunda etapa prolífica que Goyo Yeves vivió desde su posición habitual: al frente de la sección de vientos, componiendo arreglos, tocando en directo y contribuyendo a la escritura de canciones. Los álbumes 40 de abril (2008), Introversiones (2010), Contratiempos (2014), Energía positiva (2018) y Solo recuerdo lo bueno, de lo malo nada (2019) atestiguan una actividad que no ha cedido en calidad ni en regularidad.
En 2024 apareció El Mundo del Revés, el decimosexto álbum de estudio del grupo, en el que Yeves participó tanto en la interpretación como en los arreglos. El disco incluía siete canciones inéditas y seis ya publicadas, y su salida fue acompañada de una gira que agotó entradas en las principales ciudades españolas. En 2026, con el cuadragésimo aniversario de la banda, Celtas Cortos mantiene más de un millón y cuarto de oyentes mensuales en Spotify y sigue recorriendo el país con una formación de siete músicos en la que Yeves es el único que estuvo presente desde el primer día.
Fuera de los escenarios, Yeves comparte su tiempo entre la música y sus aficiones: el balonmano y la radio ocupan un lugar especial entre sus intereses. La vida de gira, con sus largos trayectos en furgoneta y la separación de la familia —tiene hijos—, es para él la parte más exigente de la profesión, aunque también la que define su identidad más profunda como músico.
Discografía con Celtas Cortos
| Año | Álbum |
|---|---|
| 1989 | Salida de emergencia |
| 1990 | Gente impresentable |
| 1991 | Cuéntame un cuento |
| 1993 | Tranquilo majete |
| 1996 | En estos días inciertos |
| 1998 | El alquimista loco |
| 1999 | Tienes la puerta abierta |
| 2008 | 40 de abril |
| 2010 | Introversiones |
| 2014 | Contratiempos |
| 2018 | Energía positiva |
| 2019 | Solo recuerdo lo bueno, de lo malo nada |
| 2024 | El Mundo del Revés |
Legado
Goyo Yeves es el hombre que lleva cuatro décadas poniendo el viento en Celtas Cortos. Cofundador del grupo en los años del instituto, artífice del sonido de flauta y saxo que convirtió el folk-rock castellano en un fenómeno de masas, y el único músico que ha estado presente en cada uno de los más de dos millones de discos que el grupo ha vendido, Yeves representa la continuidad más pura de un proyecto que ha sobrevivido a cambios de formación, crisis de la industria musical y la inevitabilidad del tiempo. Su instrumento —el viento— no es el más visible en un escenario, pero es el que, disco tras disco, convierte una canción de rock en algo que suena a otra cosa: a fiesta y a memoria, a Irlanda y a Castilla, a cuarenta años de carretera sin dar marcha atrás.