Juan Valdivia — Guitarrista de Héroes del Silencio

Juan Valdivia es el guitarrista de Héroes del Silencio, el grupo de Zaragoza que en los años noventa fue el fenómeno de rock más masivo de la historia del rock en español, y el músico que desde la guitarra construyó el sonido oscuro y épico que hizo reconocible a la banda en todo el mundo:…

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Juan Valdivia: la guitarra oscura de Héroes del Silencio

Hay guitarristas que tocan en grupos, y hay guitarristas que son el sonido de grupos. Juan Valdivia pertenece a la segunda categoría: su guitarra en Héroes del Silencio no era simplemente el instrumento de cuerda que completaba la formación del grupo, sino el elemento que más directamente definía cómo sonaba la banda, el que creaba las atmósferas oscuras y los riffs memorables que convirtieron a Héroes en un fenómeno único en la historia del rock en español. Sin la voz de Bunbury, Héroes del Silencio no habrían sido lo que fueron. Sin la guitarra de Valdivia, habrían sonado como cualquier otro grupo de rock. La combinación de los dos —la voz oscura y dramática, la guitarra atmosférica y precisa— fue lo que creó algo que no tenía equivalente en el rock en español de los años noventa y que sigue sin tenerlo hoy.

Zaragoza y la formación

Juan Valdivia nació en Zaragoza en 1966, un año antes que Enrique Bunbury. Como el cantante, creció en una ciudad que no era un centro de la actividad musical española pero que tenía la ventaja de la distancia respecto a las escenas establecidas: los músicos que formaron Héroes del Silencio en Zaragoza en la primera mitad de los años ochenta tuvieron que encontrar su propio camino sin el apoyo ni la presión de ninguna escena local preexistente, y esa libertad fue también una escuela de independencia creativa que se reflejaría en el sonido del grupo.

Valdivia aprendió a tocar la guitarra con las referencias del rock anglosajón que eran las de su generación: el rock gótico de The Cure y Bauhaus, el hard rock de Led Zeppelin, el rock progresivo y atmosférico de Pink Floyd, la textura de guitarras de U2. Pero no las imitó sino que las procesó hasta encontrar un lenguaje propio que combinaba elementos de todas ellas sin pertenecer a ninguna del todo. Esa síntesis —el trabajo de alguien que ha escuchado mucho y ha pensado mucho sobre lo que ha escuchado— es lo que hace de la guitarra de Valdivia algo genuinamente original en el contexto del rock en español.

El sonido: atmósfera y precisión

La guitarra de Juan Valdivia tiene dos características que la hacen reconocible e irrepetible: la capacidad para crear atmósferas y la precisión en el detalle. Son características que normalmente se dan por separado en los guitarristas de rock —los que crean atmósferas tienden a sacrificar la precisión, y los que son precisos tienden a sacrificar la atmósfera—, pero Valdivia las combina de una manera que hace que cada elemento de su guitarra sirva al mismo tiempo para definir el ambiente sonoro de la canción y para articular con exactitud la idea musical que la canción necesita en ese momento.

Los riffs de Valdivia en los temas de Héroes del Silencio son de los más reconocibles del rock en español: «Entre dos tierras», «Maldito duende», «La chispa adecuada», «En algún lugar»… En todos ellos, el riff de guitarra es la identidad del tema, lo que hace que el oyente sepa de qué canción se trata desde los primeros compases. Esa capacidad para escribir riffs que son memorables y que al mismo tiempo son exactamente lo que la canción necesita —ni más llamativos ni más simples de lo que la canción pide— es la marca de un guitarrista que ha entendido profundamente su papel en la arquitectura de las canciones.

La guitarra al servicio de la canción

Una de las características más notables de Juan Valdivia como guitarrista es la manera en que supeditó sistemáticamente su instrumento a las necesidades de la canción y del grupo. En un género donde la demostración de la habilidad técnica es a menudo el valor más apreciado —donde el virtuosismo guitarrístico se muestra con el solo largo y elaborado, con la velocidad de ejecución, con el número de notas por compás—, Valdivia eligió sistemáticamente la economía y la pertinencia: tocar lo que la canción necesitaba y nada más, incluso cuando «lo que la canción necesitaba» implicaba un solo de veinte segundos o un riff repetido con mínimas variaciones durante toda la canción.

Esa elección —que es una filosofía guitarrística antes que una limitación técnica— es lo que hace que la guitarra de Valdivia en los discos de Héroes suene siempre perfectamente integrada en el conjunto, nunca como un elemento añadido para el lucimiento del guitarrista. Los mejores momentos de guitarra en el catálogo de Héroes son momentos en que el instrumento parece ser la única posible respuesta a lo que la canción pide: ni más ni menos, exactamente en su lugar, exactamente con el sonido y la intensidad que la música necesita en ese punto preciso de su desarrollo.

Las texturas y el sonido de los discos

A lo largo de los cuatro álbumes de estudio de Héroes del Silencio, la guitarra de Valdivia fue evolucionando en paralelo con las ambiciones crecientes del grupo. El mar no cesa (1988) mostraba ya un guitarrista con un lenguaje propio; Senderos de traición (1990) amplió ese lenguaje con texturas más elaboradas y una mayor variedad de recursos; El espíritu del vino (1993) llevó la guitarra hacia territorios más atmosféricos y más cinematográficos; y Avalancha (1995), el álbum más ambicioso del grupo, mostró a Valdivia incorporando arreglos de cuerda y texturas de gran orquestación a su vocabulario guitarrístico sin perder ninguno de los elementos que hacían de él un guitarrista reconocible.

En esa evolución, lo que nunca cambió fue la relación de la guitarra con el resto del grupo: siempre al servicio del conjunto, siempre buscando el sonido que complementara la voz de Bunbury en vez de competir con ella, siempre atenta a la arquitectura de la canción antes que al lucimiento individual. Esa constancia —que es una elección que requiere tanta convicción como el virtuosismo que rechaza— es la marca de artista que distingue a los grandes guitarristas de los meramente buenos.

Después de Héroes y el legado

Cuando Héroes del Silencio se separó en 1996, Juan Valdivia continuó su actividad musical con proyectos propios y colaboraciones diversas, aunque ninguno con la proyección del grupo con el que había construido su nombre. Las reuniones de Héroes del Silencio —en 2007 para una gira de reencuentro que fue un éxito masivo, y en 2015 para un festival— demostraron que el sonido del grupo seguía siendo tan capaz de llenar grandes espacios como en su época de mayor actividad, y que la guitarra de Valdivia seguía siendo parte esencial de aquello que hacía que Héroes del Silencio sonara como Héroes del Silencio.

El legado de Juan Valdivia en la historia del rock en español es el del guitarrista que construyó el sonido de uno de los grupos más importantes que ha producido el rock en España: un sonido que fue genuinamente original en su momento —sin equivalente exacto en el rock anglosajón de la época, aunque claramente informado por él— y que sigue siendo inmediatamente reconocible décadas después. En la historia de la guitarra en el rock en español, la voz de Valdivia en Héroes del Silencio es una de las más originales y más influyentes que se han escuchado, y el estándar que fijó —atmósfera, precisión y economía al servicio de la canción— es una referencia que los guitarristas de rock en español que han venido después han tenido que tener en cuenta, consciente o inconscientemente, porque define buena parte de lo que significa tocar bien la guitarra en ese género y ese idioma.

Hay en el trabajo de Valdivia con Héroes del Silencio algo que los grandes guitarristas de rock comparten y que raramente se menciona explícitamente: la capacidad para hacer que su instrumento sea inseparable del grupo al que pertenece. La guitarra de Valdivia suena como Héroes del Silencio de la misma manera en que la guitarra de Keith Richards suena como los Rolling Stones o la de Peter Buck suena como R.E.M.: no porque sean los únicos posibles en ese contexto sino porque han encontrado la manera de hacer que su instrumento sea la expresión más directa del espíritu del grupo. Esa identificación entre el guitarrista y el grupo es el legado más difícil de articular y el más duradero, porque trasciende las modas y los géneros y queda como la prueba de que la música que hicieron juntos era algo que no podría haber existido sin cada uno de ellos.

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