Los Planetas: el indie rock de Granada que cambió todo
Pocos grupos en la historia de la música española han conseguido lo que lograron Los Planetas: redefinir por completo lo que podía sonar el rock alternativo en castellano, construir una mitología propia enraizada en su ciudad natal y mantenerse, tras más de tres décadas de trayectoria, como la banda de indie rock más influyente e irreductible del panorama musical hispano. Formados en Granada en 1993, Los Planetas nacieron de la amistad y la obsesión compartida por la música de J —cuyo nombre completo es Juan Rodríguez, aunque todos le conocen simplemente como Jota—, voz y guitarra del grupo, y Florent Muñoz, el otro pilar guitarrístico del proyecto. Junto a ellos, Eric Jiménez al bajo y voz y Banin a la batería completaron la formación que daría forma a un sonido singular, denso y luminoso a la vez, que bebía de My Bloody Valentine, Sonic Youth, The Jesus and Mary Chain y la Velvet Underground sin dejar nunca de ser profundamente andaluz, profundamente granadino, profundamente español. Su discografía —que arranca con el debut Super 8 en 1994 y llega hasta Trance de Cuatro Patas en 2021— es un viaje sin parangón por el noise-rock, el shoegaze, el drone, la psicodelia y el flamenco, un corpus de obra que la crítica especializada y generaciones enteras de aficionados han elevado a la categoría de canon inapelable del rock en España.
Granada 1993: el nacimiento de Los Planetas
La historia de Los Planetas comienza en Granada a principios de los años noventa, en el seno de una escena musical local pequeña pero vibrante, donde un grupo de jóvenes apasionados por el rock anglosajón alternativo de la época encontraban en la música una forma de expresión radicalmente distinta a lo que ofrecía el pop mainstream español del momento. Juan Rodríguez, conocido desde siempre como J o Jota, y Florent Muñoz se conocían de antes y compartían los mismos referentes: las guitarras distorsionadas y los muros de sonido de los grupos de noise-rock y shoegaze anglosajones, la actitud transigente y la estética de bajo perfil del indie de las islas británicas, la tensión entre melodía y ruido que caracterizaba a las mejores bandas del sello Creation Records. Granada, con su mezcla única de tradición andaluza, bohemia universitaria y cierto aislamiento geográfico respecto a los focos culturales de Madrid y Barcelona, resultó ser el caldo de cultivo perfecto para que el grupo desarrollara una personalidad artística sin ataduras ni concesiones al mercado.
La formación que daría forma a Los Planetas —J en la voz y la guitarra, Florent Muñoz en la guitarra, Eric Jiménez en el bajo y voz ocasional, y Banin en la batería— se consolidó durante 1993, año en que el grupo comenzó a componer y a ensayar las canciones que formarían su debut. Desde el primer momento, el sonido del grupo fue inconfundible: una mezcla de guitarras que oscilaban entre la ternura pop y el estruendo muralla, letras en castellano que hablaban de desamor, de la ciudad, de la cotidianidad con una intensidad lírica hasta entonces desconocida en el rock alternativo español. No había precedentes directos en España para lo que Los Planetas querían hacer, lo que los convertía en pioneros casi por defecto, en arquitectos de un idioma nuevo que muchos otros grupos habitarían a continuación. Su vinculación desde el primer momento con el sello Subterfuge Records les garantizó un espacio de libertad creativa total que sería determinante para el desarrollo de su carrera.
J y Florent: el núcleo creativo del grupo
J, cuyo nombre real es Juan Rodríguez, es la figura pública más reconocible de Los Planetas y su principal compositor y letrista. Su manera de escribir canciones —directa, visceral, con imágenes sencillas que ocultan una profundidad emocional extraordinaria— es uno de los sellos más distintivos del grupo. Como guitarrista, J ha sabido siempre que el ruido y la melodía no son opuestos sino complementarios, y eso se traduce en canciones donde los acordes más aparentemente inocentes estallan en murallas de feedback sin que la canción pierda nunca su centro emocional. Su presencia escénica, austera y magnética, ha convertido a Los Planetas en un grupo de actuaciones legendarias, capaces de transportar al público a estados de verdadero trance sonoro gracias a la acumulación, la intensidad y el volumen extremo que caracterizan sus conciertos. J es también el autor de las letras del grupo, textos que mezclan lo cotidiano y lo universal con una naturalidad que rara vez se ha visto en el rock en castellano.
Florent Muñoz, el otro gran artífice del sonido de Los Planetas, es el contrapunto perfecto de J. Si este aporta la melodía y la letra, Florent es el maestro del color sonoro, el que construye las texturas de guitarra que envuelven cada canción en un halo de reverberación y densa atmósfera. La interacción entre las dos guitarras del grupo —la de J y la de Florent— es uno de los grandes misterios y placeres de la música de Los Planetas: suenan como un todo orgánico imposible de descomponer en sus partes, como si hubiera una sola mente detrás de las dos manos que pulsan las cuerdas. Juntos, J y Florent han construido un lenguaje guitarrístico que es al mismo tiempo deudor de sus influencias anglosajonas y absolutamente original, imposible de confundir con ningún otro grupo del panorama musical español o internacional. La sección rítmica formada por Eric Jiménez al bajo y Banin en la batería completa una formación que ha resultado extraordinariamente estable a lo largo de las décadas, lo que sin duda ha contribuido a la coherencia y la profundidad de su propuesta artística.
Super 8 (1994) y Pop (1996): el debut en el indie español
En 1994, Los Planetas publicaron su primer álbum de larga duración, Super 8, a través del sello independiente madrileño Subterfuge Records, que se convertiría en el hogar natural del grupo durante gran parte de su carrera y en el sello de referencia del indie español de los años noventa. Super 8 llegó con la fuerza de un manifiesto: aquí estaba un grupo español capaz de sonar a la altura de los mejores grupos de noise-rock y shoegaze anglosajones sin perder una sola gota de su identidad propia. Canciones como «Explosión» mostraban ya la capacidad del grupo para construir himnos de una intensidad arrolladora a partir de estructuras aparentemente sencillas, mientras que otros cortes del álbum revelaban una sensibilidad pop que coexistía sin tensión con el ruido más extremo. La crítica española recibió el disco con entusiasmo y el grupo se ganó de inmediato una base de seguidores fieles que reconocían en Los Planetas algo genuinamente nuevo y emocionante dentro del panorama del rock alternativo en castellano.
Dos años después, en 1996, llegó Pop, el segundo álbum del grupo y para muchos el momento en que Los Planetas terminaron de definir y perfeccionar su propuesta artística. Más melodioso que su debut sin renunciar en ningún momento a la densidad y la rugosidad sónica que les caracterizaba, Pop es un álbum redondo y sin fisuras que consolidó a Los Planetas como la banda más importante del indie español del momento. Canciones como «Tengo miedo de que no hagas lo que espero» se convirtieron en auténticos himnos de una generación, en canciones que los aficionados al rock alternativo en España reconocían como suyas de una manera casi visceral. El álbum también confirmó la maestría del grupo a la hora de trabajar con el contraste entre suavidad y estruendo, entre la voz casi susurrada de J y las guitarras desbocadas que la envuelven, demostrando que el indie rock en castellano podía alcanzar cotas de ambición artística que nada tenían que envidiar a lo que se hacía en el ámbito anglosajón.
Una semana en el motor de un autobús: la madurez llega
Con Una semana en el motor de un autobús (1998), Los Planetas dieron un paso decisivo hacia la madurez artística y la ambición conceptual. El álbum, más largo y más variado que sus predecesores, mostró a un grupo dispuesto a explorar nuevos territorios sonoros sin abandonar los elementos que los habían hecho grandes. La influencia del krautrock y el rock más experimental se hizo más evidente, y el grupo demostró que su capacidad de composición iba mucho más allá de la canción de tres minutos perfectamente construida. Temas como «Los muertos» se convirtieron en piezas que mostraban la dimensión más oscura y evocadora del grupo, esa capacidad para crear atmósferas densas y perturbadoras que pocas bandas españolas de la época podían igualar. La producción del disco fue también un salto adelante respecto a los trabajos anteriores, con un sonido más elaborado que sin embargo nunca perdía la rugosidad y la inmediatez que son señas de identidad del grupo.
El álbum también marcó el inicio de una relación más consciente del grupo con el legado musical de su tierra: Andalucía, Granada, el sur de España comenzaban a filtrarse de manera más evidente en el sonido y las letras de Los Planetas, no de una manera folclórica o condescendiente, sino como un sustrato cultural profundo que emergía naturalmente en su música. Esta tensión entre el norte —las influencias anglosajones del noise y el shoegaze— y el sur —la herencia andaluza del flamenco y la música popular— se convertiría con el tiempo en uno de los elementos más fascinantes y originales del proyecto. Los álbumes El tiempo de las cerezas (2000) y Unidad de desplazamiento (2002) siguieron profundizando en esta dirección, mientras que la singular colaboración Los Planetas vs. Faust (2004) mostraba hasta qué punto el grupo estaba dispuesto a llevar su experimentación a territorios completamente insólitos e inesperados, aliándose con una de las bandas más vanguardistas del krautrock alemán.
La leyenda del espacio (2007): una obra maestra
Si hubiera que escoger un único álbum de Los Planetas para representar al grupo ante quien no les conociera, la inmensa mayoría de la crítica especializada y de los aficionados al rock alternativo español señalaría sin dudarlo a La leyenda del espacio (2007). Publicado después del curioso experimento de Los Planetas vs. Faust, La leyenda del espacio es una obra monumental que integra de manera definitiva y magistral todas las influencias y obsesiones del grupo: el noise-rock, el shoegaze, el drone, la psicodelia, el flamenco, la música andaluza más profunda y el rock más extremo conviven en el álbum con una naturalidad y una coherencia absolutamente asombrosas. La producción es densa, rica, llena de capas y texturas, y al mismo tiempo transparente y directa en lo emocional, lo que es uno de los logros más difíciles de conseguir en la música popular contemporánea.
El álbum contiene algunas de las mejores canciones que el grupo ha compuesto nunca, piezas como «Islamabad» y «Santos que yo te pinte», que se han convertido en clásicos instantáneos del rock alternativo español. La crítica especializada española e internacional acogió el disco con alabanzas prácticamente unánimes, y con el paso de los años su reputación no ha hecho más que crecer: hoy está considerado de manera generalizada como uno de los mejores discos del rock español de la primera década del siglo XXI, y muchos críticos lo sitúan directamente entre los grandes álbumes del rock alternativo europeo de cualquier época. Los álbumes posteriores —Principios básicos de propagación del sonido (2010), Zona temporalmente autónoma (2014) y Trance de Cuatro Patas (2021)— han seguido ampliando y enriqueciendo un catálogo que no ha dejado de sorprender y de emocionar a cada nueva entrega.
El sonido Los Planetas: de noise-rock al flamenco psicodélico
Una de las claves del éxito y la longevidad de Los Planetas reside en la riqueza y la originalidad de su propuesta sonora, que nunca ha podido ser reducida a una sola etiqueta o encasillada en un único género. Sus influencias declaradas —My Bloody Valentine, Sonic Youth, The Jesus and Mary Chain y la Velvet Underground— constituyen un punto de partida que el grupo ha transformado desde el principio en algo completamente propio. El noise-rock y el shoegaze, géneros caracterizados por el uso del ruido como elemento expresivo y de las guitarras con efectos como herramienta de creación de atmósferas, son los pilares sobre los que el grupo construyó su sonido inicial, pero a lo largo de los años ese sonido ha ido incorporando capas de mayor complejidad y sofisticación sin perder nunca la fuerza y la inmediatez de sus primeros trabajos.
La incorporación del flamenco y de la música tradicional andaluza en la paleta sonora de Los Planetas es quizás el elemento más singular y sorprendente de su propuesta artística. Lejos de ser un simple gimmick o un intento de exotismo calculado, esta dimensión de su música surge de una relación genuina y profunda con la herencia cultural de su tierra, Granada y Andalucía. El grupo ha colaborado a lo largo de su carrera con figuras del flamenco y del underground musical, llegando a síntesis que resultan naturales y orgánicas aunque a priori parezcan imposibles. Esta capacidad de integración y síntesis —noise-rock y flamenco, shoegaze y psicodelia andaluza, drone rock y tradición del cante jondo— es lo que hace de Los Planetas una banda verdaderamente original no solo en el contexto del rock alternativo español sino en el del rock alternativo internacional, y explica por qué su obra ha trascendido las fronteras de la música en castellano para alcanzar reconocimiento y admiración en los circuitos más exigentes de la crítica musical europea y americana.
Subterfuge y el indie español: Los Planetas en su ecosistema
La trayectoria de Los Planetas es inseparable de la historia del sello Subterfuge Records y del ecosistema más amplio del indie rock español de los años noventa y dos mil. Fundado en Madrid a principios de la década de los noventa, Subterfuge fue el primer sello independiente español dedicado de manera sistemática a publicar y promover música de rock alternativo en castellano, y Los Planetas fueron uno de sus grupos principales desde el primer momento. La relación entre el grupo y el sello fue mutuamente beneficiosa: Los Planetas encontraron en Subterfuge un espacio de libertad artística total donde publicar su música sin concesiones al mercado ni a las modas, y el sello encontró en el grupo un referente de calidad y seriedad artística que le daba credibilidad en el panorama musical independiente nacional e internacional. Esta alianza entre grupo y sello, que duró muchos años y produjo algunos de los discos más importantes del catálogo de Subterfuge, es uno de los mejores ejemplos del funcionamiento de la industria musical independiente española.
El contexto más amplio en que se desarrolló la carrera de Los Planetas —la eclosión del indie rock en español durante los años noventa, con otros grupos publicando también discos fundamentales en aquellos años— es fundamental para entender tanto el impacto que tuvo el grupo en su momento como el papel central que siguieron ocupando durante las décadas siguientes. Los Planetas no solo contribuyeron a demostrar que era posible hacer rock alternativo de primer nivel en castellano, sino que sus álbumes se convirtieron en la referencia ineludible para las generaciones siguientes de músicos españoles que querían hacer algo similar. Han recibido múltiples reconocimientos a lo largo de su carrera, incluyendo el Premio de la Música y varios galardones de la música independiente española, pero son sobre todo el reconocimiento crítico generalizado y la fidelidad de su público los que mejor definen su posición en la historia del rock alternativo en España.
El legado de Los Planetas en el rock alternativo en español
Más de tres décadas después de su formación, el legado de Los Planetas en el rock alternativo en español es difícil de exagerar. Han publicado diez álbumes de estudio a lo largo de su carrera, desde Super 8 (1994) hasta Trance de Cuatro Patas (2021), cada uno de ellos una exploración distinta y coherente de su mundo musical, sin repetirse nunca y sin conceder jamás a las modas o a las expectativas del mercado. Han sido reconocidos por la crítica especializada española e internacional como el grupo más influyente del indie rock en español, un título que no solo nadie les disputa sino que cada nuevo lanzamiento, cada nueva gira, cada nuevo momento de la vida del grupo vuelve a confirmar. Su obra es estudiada, analizada y discutida en medios especializados de toda España y de varios países más, y sus discos forman parte de las listas de los mejores álbumes del rock español de cualquier época con una regularidad que no tiene parangón en el resto de la escena alternativa nacional.
Pero más allá de los reconocimientos y los premios, el verdadero legado de Los Planetas vive en los miles de músicos españoles que han crecido escuchando sus discos y que han encontrado en su música la prueba de que es posible hacer algo genuino, original y de primera categoría en castellano y desde España. El grupo ha demostrado que el indie rock no tiene por qué ser anglosajón para ser auténtico, que las tradiciones musicales del sur de Europa pueden dialogar con las corrientes del rock alternativo internacional sin perder su identidad, y que la seriedad artística y la coherencia son valores que el público español sabe reconocer y premiar a lo largo del tiempo. Los Planetas siguen activos, siguen siendo profundamente respetados y admirados por público y crítica, y siguen publicando música que sorprende y emociona a cada nueva entrega. Es el mejor indicador posible de la solidez de su proyecto y de la profundidad de su legado en la historia del rock en España y en la música popular contemporánea en lengua española.