Irene Vallejo — Escritora y filóloga

Irene Vallejo es filóloga clásica y escritora aragonesa cuya obra El infinito en un junco (2019) se convirtió en el ensayo literario más vendido en España en décadas, traducido a más de cuarenta idiomas y Premio Nacional de Ensayo y de Historia en 2020.

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Irene Vallejo: la filóloga que devolvió el libro a sus orígenes

En un mercado editorial saturado de novedades efímeras, un libro sobre los orígenes del libro en la Antigüedad clásica —sobre los escribas egipcios, los rollos de papiro, las bibliotecas helenísticas, los primeros lectores silenciosos— se convirtió en el fenómeno literario de la década. Irene Vallejo, filóloga clásica formada en Zaragoza y Florencia, escritora de vocación y columnista de largo aliento, publicó en 2019 El infinito en un junco sin imaginar que su amor por los libros y por la Antigüedad iba a transformarse en una historia leída por millones de personas en cuarenta y tantos idiomas. Su historia es la de una escritora que nunca renunció a ser, ante todo, lectora.

Zaragoza, Florencia, los clásicos

María Irene Vallejo Moreu nació en 1979 en Zaragoza, ciudad a la que permanece ligada y desde la que escribe y enseña. Se formó en Filología Clásica en la Universidad de Zaragoza, una disciplina que en la España contemporánea puede parecer anacrónica —el latín y el griego, los textos de hace dos mil años, las discusiones sobre variantes textuales de manuscritos medievales— pero que, como ella misma ha demostrado, esconde una vitalidad insospechada cuando alguien sabe mirarla con los ojos adecuados.

Su formación doctoral la llevó a la Universidad de Florencia, donde completó su tesis en un entorno que le permitió profundizar en las tradiciones textuales del mundo grecorromano y en la historia de la transmisión de los textos clásicos. Esa doble formación —española e italiana, provinciana y cosmopolita, arraigada en una ciudad de provincias y abierta a la tradición intelectual europea— marcaría su escritura posterior: una escritura culta sin ser pedante, precisa sin ser árida, apasionada sin ser superficial.

Antes de El infinito en un junco, Irene Vallejo había publicado varias novelas y libros que circularon con menor notoriedad: La leyenda de las mareas mansas (2005), El silbido del arquero (2012) y Manderley en venta (2018). Estos trabajos anteriores muestran a una escritora que explora géneros y registros distintos —la novela histórica, el relato de aventuras, la ficción intimista— en busca de una voz propia que acabaría de cristalizar en el ensayo literario que la haría conocida en todo el mundo.

El infinito en un junco: la historia del libro

Publicado por Siruela en otoño de 2019, El infinito en un junco tiene un subtítulo que resume perfectamente su ambición: La invención de los libros en el mundo antiguo. El libro parte de una pregunta aparentemente simple —¿cómo nació el libro?— para desplegar una historia que abarca desde el papiro del antiguo Egipto hasta los manuscritos medievales, desde la gran Biblioteca de Alejandría hasta los primeros libreros romanos, desde Homero hasta los traductores del siglo III antes de Cristo que vertieron los textos hebreos al griego.

Pero El infinito en un junco no es un manual de historia del libro ni un ensayo académico. Es, ante todo, una declaración de amor a la lectura y a los lectores: una reivindicación de la fragilidad extraordinaria de los textos que han sobrevivido hasta nosotros —tantos se perdieron, tantos fueron quemados, censurados, olvidados—, y al mismo tiempo una celebración de la tenacidad con que los seres humanos han preservado, copiado, traducido y transmitido las palabras que consideraban valiosas.

El título procede de una imagen hermosa: el papiro es una planta acuática, un junco que crece en los márgenes del Nilo, y en sus fibras procesadas encontraron los egipcios y los griegos el material perfecto para escribir. El libro que hoy sostenemos en las manos —o el archivo digital que leemos en la pantalla— tiene en ese junco uno de sus remotísimos antepasados. La historia que cuenta Irene Vallejo es la historia de cómo esa herramienta sencilla y poderosa se convirtió en el vector de transmisión de la cultura humana.

El estilo de Vallejo en este libro combina la erudición de la filóloga con la sensibilidad de la narradora: cada capítulo es un ensayo autónomo que puede leerse independientemente, pero que encaja en el arco mayor de la historia que el libro quiere contar. La autora mezcla anécdotas históricas con reflexiones personales, episodios de su propia experiencia lectora con datos sobre la supervivencia de los manuscritos, etimologías con digresiones sobre las políticas culturales de los imperios antiguos. El resultado es un libro que funciona a la vez como divulgación histórica, como ensayo literario y como autobiografía intelectual.

Un éxito sin precedentes

El fenómeno editorial que protagonizó El infinito en un junco sorprendió a propios y extraños. En un mercado donde los ensayos de temática humanística raramente superan las pocas decenas de miles de ejemplares, el libro de Irene Vallejo llevó meses y meses en la cima de las listas de ventas en España, acumulando ediciones y llegando a un público muy amplio —no solo lectores universitarios o aficionados a la historia antigua, sino lectores de todas las edades y condiciones que reconocieron en sus páginas algo que les importaba: una defensa de la lectura como forma de vida, un recordatorio de lo valioso y lo frágil que es el legado escrito de la humanidad.

En 2020, el libro recibió el Premio Nacional de Ensayo y el Premio Nacional de Historia, una combinación inusual que subrayaba la doble naturaleza de la obra: a la vez ensayo literario y obra de historia. Las traducciones comenzaron a acumularse —más de cuarenta idiomas en 2023— y el nombre de Irene Vallejo empezó a circular en circuitos editoriales internacionales que habitualmente ignoraban la literatura española en lengua castellana no vinculada al boom latinoamericano.

El éxito internacional no fue inmediato ni uniforme: en algunos mercados el libro tardó años en encontrar editor, y la recepción varió considerablemente de un país a otro. Pero la trayectoria global de El infinito en un junco confirmó que existía un público lector internacional dispuesto a acompañar a una voz culta, apasionada y sin condescendencia en un viaje a los orígenes de esa tecnología tan sencilla y tan poderosa que es el libro.

La columnista y la presencia pública

Paralelamente a su carrera como narradora y ensayista, Irene Vallejo ha mantenido desde hace años una presencia regular en medios de comunicación como columnista. Sus colaboraciones en El País, El Periódico y otros medios le han permitido desarrollar una voz pública sobre temas que van desde la actualidad cultural hasta la educación, desde la crisis de la lectura entre los jóvenes hasta las derivas de la sociedad contemporánea vistas a través de la lente de quien conoce en profundidad cómo vivieron y pensaron los griegos y los romanos.

Sus columnas tienen el sello de su escritura ensayística: parten de una imagen concreta —una noticia, un objeto cotidiano, un poema— para remontarse a la tradición clásica y volver al presente enriquecidas. Es un método que recuerda al de los mejores ensayistas de la tradición humanística, y que conecta con la convicción de Vallejo de que los clásicos no son un museo sino una herramienta de comprensión del mundo.

Ha sido invitada como conferenciante en universidades, institutos de educación secundaria, festivales literarios y encuentros culturales de todo el mundo hispanohablante y de Europa. Su capacidad para hablar de Homero y del papiro con la misma naturalidad con que otros hablan de las redes sociales la convierte en una comunicadora excepcional, capaz de generar interés y entusiasmo por una tradición que muchos consideraban irrecuperablemente remota.

El lugar de Irene Vallejo en la literatura española contemporánea

La trayectoria de Irene Vallejo plantea preguntas interesantes sobre el lugar del ensayo literario en la cultura española. En tradiciones como la anglosajona, el ensayo que combina erudición y belleza de estilo, historia y reflexión personal, tiene una larga genealogía —de Montaigne a Woolf, de Orwell a Didion—, y sus cultivadores gozan de un reconocimiento comparable al de los novelistas y poetas. En España, esa tradición existe —Ortega y Gasset, María Zambrano, Emilia Pardo Bazán—, pero ha ocupado históricamente un lugar secundario respecto a la narrativa y la poesía.

El éxito masivo de El infinito en un junco ha contribuido a rehabilitar el ensayo literario como género con potencial de alcanzar a un público amplio, y ha señalado a Irene Vallejo como la figura central de esa rehabilitación en la España del siglo XXI. Su obra demuestra que la erudición no es incompatible con la emoción, que la historia antigua puede ser apasionante para lectores del siglo XXI, y que existe un público —más amplio de lo que el mercado editorial solía suponer— dispuesto a acompañar a una escritora en un viaje largo y lento hacia los orígenes de la cultura escrita.

Su figura representa también un modelo de intelectual pública en el que la formación académica rigurosa no se convierte en un obstáculo para la comunicación con el gran público, sino en su fundamento. No divulga simplificando sino profundizando, no entretiene renunciando al rigor sino haciéndolo accesible. En eso, y en su fidelidad a los temas que genuinamente le apasionan, reside quizá la explicación más honesta del fenómeno que protagonizó con su junco infinito.

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