Nacho Cano — Teclista y productor de Mecano

Nacho Cano es el teclista, coproductor y cofundador de Mecano, el grupo madrileño que entre 1981 y 1992 fue el proyecto de pop en español de mayor éxito internacional de la historia, y el músico que desde los sintetizadores construyó la arquitectura sonora de uno de los catálogos más brillantes del pop en español: su…

Índice de contenidos

Nacho Cano: el arquitecto sonoro de Mecano

En Mecano había dos tipos de talento que se complementaban sin solaparse: el talento del compositor que escribe canciones con la intuición infalible de quien entiende qué es lo que la gente quiere escuchar antes de que lo sepa ella misma, y el talento del músico que sabe cómo hacer que esas canciones suenen exactamente como deben sonar. El primero era de José María Cano. El segundo, en buena medida, era de Nacho Cano, el hermano menor, el teclista, el que se encargaba de que las ideas de su hermano tomaran la forma sonora que las convirtió en fenómeno mundial. Sin Nacho Cano, las canciones de Mecano habrían sido las mismas sobre el papel; pero no habrían sonado como sonaron, y en el pop esa diferencia lo es todo.

La música como lenguaje familiar: los Cano y Mecano

Nacho Cano nació en Madrid en 1963, cuatro años después que su hermano José María. Los dos hermanos crecieron en la misma casa, escuchando la misma música, desarrollando desde muy pronto una sensibilidad musical compartida que luego se expresaría de maneras complementarias: José María encontró su lenguaje en la composición y en la letra, Nacho en la producción y en los teclados. Cuando a principios de los años ochenta los dos hermanos formaron Mecano con Ana Torroja, esa complementariedad ya estaba establecida, y fue la base sobre la que se construyó todo lo que el grupo llegó a ser.

La formación musical de Nacho Cano fue autodidacta en gran medida: aprendió a tocar los teclados y los sintetizadores de la misma manera en que la mayor parte de los músicos de pop de su generación aprendieron sus instrumentos, es decir, tocando, experimentando y equivocándose hasta encontrar la manera de hacer sonar lo que tenían en la cabeza. Esa formación autodidacta, lejos de ser una limitación, fue en su caso una ventaja: le permitió desarrollar un lenguaje instrumental que no era el de los músicos académicamente formados, sino uno más cercano a la estética del pop contemporáneo que era la referencia del grupo.

Los sintetizadores y la identidad sonora de Mecano

En el pop de los años ochenta, los sintetizadores no eran simplemente un instrumento más: eran el instrumento que definía la modernidad, el que separaba el sonido de esa época del de todas las épocas anteriores. La manera en que Nacho Cano usaba los sintetizadores en Mecano fue central para la identidad sonora del grupo: los sonidos que eligió, la manera en que los colocó en los arreglos, la relación entre la base de teclados y la voz de Ana Torroja fueron decisiones que dieron a Mecano un sonido reconocible desde los primeros compases, un sonido que era a la vez claramente de su época y claramente propio del grupo.

Lo que distinguía el trabajo de Nacho Cano en la producción de Mecano de la producción genérica del pop de la época era la atención al detalle: no se conformaba con que el sintetizador sonara bien en general, sino que buscaba el sonido exacto que la canción necesitaba en ese momento preciso, la textura que complementaba la melodía sin competir con ella, el ambiente que hacía que la letra llegara al oyente con la carga emocional que José María Cano había concebido para ella. Esa búsqueda sistemática de la especificidad sonora es lo que da a los discos de Mecano esa calidad de producción que los hace todavía escuchables décadas después, cuando los sonidos genéricos del pop de los ochenta se han convertido en objetos arqueológicos.

La dupla creativa con José María Cano

La relación creativa entre Nacho y José María Cano fue el motor interno de Mecano durante toda la vida del grupo. José María escribía las canciones —la melodía, la letra, la estructura básica—, y Nacho tomaba esa materia prima y le daba la forma sonora definitiva: decidía los arreglos, elegía los sonidos, construía la producción que convertía una canción en un disco. En ese proceso, la contribución de Nacho era más que técnica: era artística, porque las decisiones de producción que tomaba cambiaban la manera en que las canciones llegaban al oyente y, por tanto, cambiaban lo que las canciones eran.

Esa dupla creativa —rara en el pop, donde lo más habitual es que compositor y productor sean la misma persona o que el productor sea un profesional externo sin relación personal con el grupo— funcionó porque Nacho Cano tenía algo que los productores externos raramente tienen: el conocimiento de las canciones desde dentro, la comprensión del proyecto artístico en su totalidad, la capacidad de entender qué quería conseguir su hermano y de encontrar la manera de conseguirlo con los medios sonoros que él mismo ponía a su disposición. Esa comprensión mutua, construida durante años de convivencia y de trabajo compartido, es lo que hace que la producción de los discos de Mecano suene tan integrada, tan de una pieza.

Producción y evolución

A lo largo de los álbumes de Mecano, el trabajo de Nacho Cano como productor y arreglista fue evolucionando en paralelo con la evolución compositiva de José María. El sonido del debut homónimo de 1982 —más directo, más dependiente de los sintetizadores básicos de la época— fue complejizándose con cada álbum: ¿Dónde están los ladrones? (1983), Ya viene el sol (1984), Entre el cielo y el suelo (1986), Descanso dominical (1988) y finalmente Aidalai (1991) muestran una progresión en la sofisticación de los arreglos y de la producción que es inseparable de la evolución creativa del grupo.

En Aidalai, el álbum más ambicioso de Mecano, la producción de Nacho Cano alcanzó su punto más elaborado: arreglos de orquesta, sonidos de síntesis compleja, texturas que creaban atmósferas cinematográficas para las canciones de su hermano. El resultado fue un álbum que sonaba distinto a todo lo que Mecano había hecho antes y también a todo lo que hacían otros grupos de pop en español de la época: más grande, más cinematográfico, con una ambición de producción que situaba al grupo en un nivel diferente del pop comercial convencional.

Después de Mecano: el musical y la carrera propia

Cuando Mecano se disolvió en 1992, Nacho Cano siguió activo en el mundo de la música desde distintos ángulos. El más conocido de sus proyectos posteriores fue Hoy no me puedo levantar, el musical basado en las canciones de Mecano que se estrenó en Madrid en 2005 y que fue uno de los grandes éxitos del teatro musical español de la primera década del siglo XXI. Como productor del espectáculo, Nacho Cano demostró que su talento para dar forma sonora y espectacular a la música de Mecano podía funcionar también en el contexto del teatro, y el éxito del musical —que se mantuvo en cartel durante años y generó producciones en varios países— fue la confirmación de que el catálogo de Mecano tenía una vida más allá del formato de la canción grabada en estudio.

El legado: el sonido que definió una era

El legado de Nacho Cano en la historia del pop español es el del músico que construyó el sonido de uno de los grupos más importantes de la historia de la música popular española. Ese legado es menos visible que el del compositor que firma las canciones o el de la cantante que las interpreta, porque la producción musical es por definición un arte que trabaja para que todo lo demás suene bien, no para llamar la atención sobre sí mismo. Pero sin ese trabajo —sin las decisiones de producción que Nacho Cano tomó álbum tras álbum, canción tras canción, durante más de una década—, Mecano no habría sonado como sonó, y el pop español de los años ochenta habría sido algo diferente y probablemente menor.

En la historia del pop en español, el nombre de Nacho Cano está inseparablemente ligado al de Mecano, y el de Mecano está inseparablemente ligado al sonido de una época que cambió la manera en que España se entendía a sí misma como productora de cultura popular. En ese cambio, Nacho Cano fue uno de los arquitectos principales, con la modestia propia de quien trabaja en la sombra para que los demás brillen, y con la solidez de quien ha encontrado la manera de hacer que su trabajo dure más que las modas del momento en que fue hecho.

Biografías relacionadas

← Volver al archivo de biografías