Rosa Montero — Escritora y periodista

Rosa Montero es una de las escritoras y periodistas españolas más influyentes del siglo XX y XXI: novelista de larga trayectoria, columnista de El País durante décadas y Premio Nacional de las Letras Españolas en 2017, su obra explora la condición femenina, la ciencia ficción y los límites entre locura y cordura.

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Rosa Montero: escribir para sobrevivir, leer para vivir

Hay escritoras que escriben porque no pueden hacer otra cosa. Rosa Montero es una de ellas. Nacida en Madrid en 1951, periodista de raza formada en la redacción de El País desde sus primeros años, novelista desde 1979 y una de las voces más reconocibles de la cultura española de las últimas cuatro décadas, Montero ha construido una obra que mezcla la ficción especulativa con la crónica periodística, los personajes femeninos complejos con la reflexión sobre la locura y la cordura, el realismo cotidiano con el fantástico más descarnado. Su Premio Nacional de las Letras Españolas en 2017 reconoció una trayectoria que va más allá de cualquier etiqueta y que ha acompañado a generaciones de lectores españoles en sus momentos de mayor necesidad.

Madrid, el periodismo y la Transición

Rosa Montero Gayo nació el 3 de enero de 1951 en Madrid, en una familia de clase trabajadora. Su padre era torero retirado y su madre ama de casa, y la futura escritora creció en un Madrid de posguerra que combinaba la miseria material con una vitalidad popular que ella captaría después con precisión en sus primeras novelas. Fue una niña enferma que pasó muchos períodos en cama y que encontró en la lectura el refugio y el alimento que le faltaban en el mundo exterior.

Estudió periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo de Madrid y psicología en la Universidad Complutense —una combinación que marca su escritura posterior de forma evidente—, y comenzó su carrera periodística a mediados de los años setenta, en plena Transición. Cuando El País se fundó en 1976, Rosa Montero estaba allí, y pronto se convirtió en uno de sus periodistas más reconocibles. Sus reportajes, entrevistas y crónicas de los años setenta y ochenta son un documento periodístico y literario de primera magnitud sobre la España que pasaba del franquismo a la democracia.

En 1980 recibió el Premio Nacional de Periodismo, un reconocimiento precoz a una carrera que ya entonces mostraba la calidad y la ambición de sus textos. Pero Montero nunca se conformó con ser periodista: la novela la llamaba con una urgencia que ella misma ha descrito en varias ocasiones como una necesidad casi física.

Las novelas: de la Transición a la ciencia ficción

Su primera novela, Crónica del desamor (1979), es un retrato generacional de las mujeres españolas en la Transición: sus personajes son mujeres que intentan conjugar la recién conquistada libertad con las herencias de una sociedad que tardaba en cambiar. La novela tuvo una recepción excelente y señaló desde el principio los temas que recorrerían toda la obra de Montero: las relaciones entre hombres y mujeres, la dificultad de la independencia femenina, el cuerpo, el deseo, la soledad.

La función Delta (1981) exploró por primera vez el territorio de la especulación temporal y la memoria, con una estructura narrativa que alterna dos líneas temporales —una mujer joven en los años setenta y la misma mujer anciana en el futuro— para reflexionar sobre el paso del tiempo y la identidad. Te trataré como a una reina (1983), Amado amo (1988) y Temblor (1990) continuaron explorando géneros distintos —la novela de ambiente popular, la novela fantástica de ambientación medieval— mostrando a una narradora que se niega a instalarse en un solo registro.

El gran giro hacia la ciencia ficción llegó con Bella y oscura (1993) y se consolidó con la que muchos consideran su novela más popular: La hija del caníbal (1997), ganadora del Premio Primavera. Una mujer cuyo marido desaparece en un aeropuerto, un anciano anarquista de la Guerra Civil y un joven sin escrúpulos forman un trío improbable que Montero utiliza para explorar los límites de la identidad, la lealtad y el amor. La novela mezcla el thriller con la reflexión histórica y el retrato de personajes en crisis, y fue adaptada al cine en 2003.

El peligro de estar cuerda y el éxito tardío masivo

Décadas después de La hija del caníbal, Rosa Montero volvió a encontrar un éxito popular masivo con El peligro de estar cuerda (2022), un ensayo-libro de no ficción que explora la relación entre la creatividad artística y los llamados «trastornos mentales». El libro parte de una pregunta provocadora: si tantos artistas, escritores, músicos y científicos que han cambiado el mundo habrían sido diagnosticados hoy con algún trastorno del espectro del autismo, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o la depresión mayor, ¿qué nos dice eso sobre la frontera entre la locura y la genialidad, entre la neurodivergencia y la creatividad?

Montero recorre una galería de creadores —Virginia Woolf, Sylvia Plath, Charles Darwin, Ada Lovelace, María Callas, Nikola Tesla, entre muchos otros— y argumenta que la visión del mundo radicalmente diferente que caracteriza a muchos neurodivergentes puede ser precisamente la fuente de sus contribuciones más originales. El libro se convirtió en un éxito de ventas inesperado para un ensayo de estas características, permaneció meses en las listas de los más vendidos y alcanzó una audiencia que iba mucho más allá de los lectores habituales de ensayo.

El título tiene una historia: cuando Montero le explicó a su médico la presión que sentía por escribir —esa compulsión que la llevaba a escribir incluso cuando estaba enferma o triste, esa incapacidad de no escribir—, el médico respondió con una pregunta que la dejó descolocada: «¿Y cuándo has estado tú alguna vez del todo cuerda?». El peligro de estar cuerda es, entre otras cosas, la respuesta larga y documentada a esa pregunta.

La ridícula idea de no volver a verte

Entre La hija del caníbal y El peligro de estar cuerda, Rosa Montero publicó una obra que merece una mención especial: La ridícula idea de no volver a verte (2013), un libro fronterizo entre el ensayo y la autobiografía que nació del descubrimiento de los diarios de Marie Curie y de la muerte de su marido, Pablo Lizcano, con quien había compartido treinta años de vida.

El libro entrelaza la vida de Marie Curie —la física polaca que ganó dos Premios Nobel y que construyó su carrera científica en una época y un ambiente profundamente hostiles a las mujeres— con la experiencia personal de Montero ante el duelo y la pérdida. No es una biografía de Curie ni una autobiografía de Montero, sino algo más difícil de clasificar: un ensayo sobre el dolor, la resiliencia y la forma en que las personas extraordinarias encuentran la manera de seguir adelante después de la destrucción. Fue uno de sus libros más personales y más celebrados, y confirmó su capacidad para moverse con naturalidad entre géneros literarios que el mercado tiende a separar.

Premio Nacional de las Letras Españolas

En 2017, el Ministerio de Cultura de España concedió a Rosa Montero el Premio Nacional de las Letras Españolas, el más alto reconocimiento a una trayectoria literaria en España. El premio reconocía no solo sus novelas sino el conjunto de una obra que incluía periodismo, ensayo y divulgación, y que había acompañado a los lectores españoles durante cuatro décadas con una voz inconfundiblemente suya: directa, inteligente, emocionalmente honesta, capaz de abordar los temas más serios con una ligereza que no es superficialidad sino elegancia.

El jurado señaló en su acta la «coherencia y profundidad de una carrera literaria y periodística que ha sido referente para varias generaciones de lectores y escritores». Esa coherencia es quizá lo más llamativo de la obra de Rosa Montero: a través de géneros, estilos y épocas distintas, hay un núcleo de preguntas que no cambia —qué significa ser mujer, qué significa crear, qué relación guardan la locura y el arte, cómo se sobrevive a la pérdida— y una voz que sigue siendo la misma, reconocible desde la primera página.

La escritora y sus lectores

Rosa Montero mantiene con sus lectores una relación de extraordinaria cercanía, cultivada durante décadas a través de las columnas semanales en El País y, más recientemente, a través de las redes sociales donde su presencia es activa y directa. Esa cercanía no es populismo ni concesión a la galería: es el resultado natural de una escritura que nunca pierde de vista a la persona al otro lado de la página, que habla siempre con honestidad sobre temas que importan —la vejez, el duelo, el miedo, el deseo, la creatividad— sin refugiarse en el hermetismo ni en la distancia académica.

Ha viajado extensamente, ha impartido conferencias y talleres en universidades y festivales literarios de todo el mundo, y sigue escribiendo con la misma intensidad y la misma necesidad que la impulsó desde los primeros años. Para Rosa Montero, escribir no es un oficio ni una profesión: es una forma de estar en el mundo, de procesar la experiencia, de darle sentido al caos. Y esa convicción, que atraviesa cada página que ha escrito, es lo que hace que su obra resuene con tanta fuerza en quienes la leen.

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