Mañana se celebra el 40ª aniversario de la muerte del diseñador Cristóbal Balenciaga -12 de enero de 1895, Getaria (Guipúzcoa) – 24 de marzo de 1972, Jávea (Alicante)-. Una fecha muy señalada en la que muchos recordarán a este español que revolucionó la moda con su rompedora creatividad. De hecho, ya te comentamos el homenaje que, hoy viernes ha programado el Cristóbal Balenciaga Museoa, situado en Getaria, su localidad natal. Nosotros queremos rendirle también nuestro particular tributo dando a conocer un poco mejor la trayectoria de este creador, todo un genio del diseño.

Una vida en la moda

Desde muy pequeño, las grandes casas de moda le llamaron la atención. De hecho, pasaba horas y horas dibujando sus diseños. Cuenta la leyenda que, siendo un chaval de 13 años, Cristobal Balenciaga quedó extasiado ante la elegancia de la Marquesa de Casa Torres, vecina de Getaria, y que ésta, conmovida ante la ilusión del muchacho por aprender el noble oficio de la aguja, le envió a casa un pedazo de tela y uno de sus más exclusivos trajes, un diseño de Decroll, para que lo copiara y pudiera así demostrar sus dotes.

Ni que decir tiene que el joven salió airoso de la prueba y que la marquesa, madre de la que sería futura reina Fabiola de Bélgica -a quien tuvo el honor de vestir el día de su boda con Balduino de Bélgica-, desde entonces se convirtió en su mecenas. Además, financió su viaje a París en 1912, escapada que fue decisiva para Balenciaga. Allí conoce a Poiret, reboux, Douset… Al volver a España, se plantea en serio su carrera en la moda y, en 1915, nace en San Sebastián su primer taller -posteriormente, abría otros en Madrid, Barcelona…-, del que serían clientas la reina María Cristina y la reina María Victoria Eugenia.

No obstante, en 1931, cambiaría temporalmente el nombre de su firma por el de Eisa (nace de acortar su apellido materno, Eisagirre). Años después, en 1937, se instala en París y abre un taller en la avenida Georges Vra nº 10, desde donde sus volúmenes y el corte casi arquitectónico de sus prendas, que le habían hecho famoso en España, se asomaron al mundo para deslumbrarlo.

Si en 1939 presentaba una línea de hombros caídos, de cintura pinzada y caderas redondas -un estilo que anticipaba el new look de Dior de 1947- años después se permitió el lujo de reinventar la silueta femenina con sus vanguardistas vestidos saco (1957), las mangas tres cuartos, las faldas balón, el talle alto, la cintura imperio (1959), y la manga murciélago y la melón, formas todas ellas fruto de su magistral tijera y adornadas con grandes botones.

Otro año señalado es 1955, pues decide viajar a Nueva York. Allí presenta una colección en el Hotel Ambassador con fines benéficos. Nace su vestido-túnica, innovador diseño en la moda hasta ese momento.

Su lema “arquitecto para las líneas, escultor para la forma, pintor para el color, músico para la armonía y filósofo para la medida”, y su afán de perfeccionismo le convirtieron en un clásico en vida, a pesar de lo cual decidió retirarse en 1968. Balenciaga, enemigo de hacer vida social, hizo su última aparición pública en 1971 en el entierro de Coco Chanel (“Él es único de nosotros que es un auténtico Couturier”, llegó a decir de él Chanel). Su muerte no tardaría mucho en llegar. Le aconteció el 24 de marzo de 1972 en Jávea (Alicante), poco después de aceptar su último trabajo: elaborar el vestido de novia de Carmen Martínez Bordiú para la boda de ésta con el Duque de Cádiz.

Hubert de Givenchy, presidente fundador de de la Fundación Balenciaga, ha dicho de él: “Balenciaga fue el creador del arte de la alta costura. Elegante en su vida y en su obra, su pasión por la vida le llevó a convertirla en arte. Cada una de sus creaciones tuvo siempre algo de escultura, de música y de pintura, expresadas en trajes de impecable y serena armonía”.

En 2011, en su localidad natal, Getaria, se inauguró el Cristóbal Balenciaga Museoa, el primer museo dedicado íntegramente a un diseñador de moda.

Fuente: hola.com





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