Enrique Sierra — La guitarra que definió el sonido de Radio Futura

Enrique Sierra «Kike» (Madrid, 1957 — Madrid, 18 de febrero de 2012) fue el guitarrista que durante más de una década definió el sonido de Radio Futura, el grupo que con Santiago Auserón a la cabeza inventó en los años ochenta una manera de hacer rock en castellano que fundía el blues, el rhythm and…

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Enrique Sierra: la guitarra que dibujó el sonido de Radio Futura

El sonido de Radio Futura es inseparable de la guitarra de Enrique Sierra, conocido en el grupo y entre su público como «Kike». En los años en que Radio Futura fue el grupo más influyente y más admirado del rock español —desde la fundación en 1979 hasta la disolución en 1992—, Sierra construyó en el extremo de su Telecaster un lenguaje guitarrístico que no se parecía al de ninguno de sus contemporáneos: una síntesis personal de blues americano, ritmos cubanos y afroantillanos, flamenco y guitarras de surf que era al mismo tiempo exótica y profundamente española, y que daba a las canciones de Santiago Auserón exactamente el fondo sonoro que necesitaban para ser lo que eran: crónicas de un país en transformación que sonaban como si vinieran de otro tiempo y de otro lugar. Enrique Sierra murió en Madrid el 18 de febrero de 2012, a los 55 años, dejando un legado guitarrístico que sus herederos en el rock español siguen citando como referencia fundamental.

Los orígenes y la fundación de Radio Futura

Enrique Sierra se incorporó a Radio Futura en los momentos fundacionales del grupo, en 1979, como guitarrista principal de una formación que Santiago Auserón había concebido desde el principio como una propuesta diferente a todo lo que existía en el panorama musical español de aquel momento. La Movida madrileña estaba todavía en sus comienzos, el rock español de herencia ye-yé convivía con las primeras manifestaciones del punk y la nueva ola, y en ese contexto Radio Futura llegó con una propuesta que miraba hacia el pasado —hacia el blues de los años cuarenta y cincuenta, hacia la música de los cabarets cubanos de la misma época, hacia la guitarra española de tradición flamenca— para construir algo que no existía todavía.

En ese proyecto, Sierra fue desde el principio mucho más que un guitarrista que ejecutaba los arreglos que otros le indicaban: fue un cocreador del sonido del grupo, el músico que tomó las ideas de Auserón —que venían de la filosofía, de la literatura, de una escucha enciclopédica de música de todo el mundo— y las tradujo a un lenguaje de guitarra que tenía coherencia propia. Esa traducción no fue un proceso mecánico sino un diálogo permanente: Sierra aportaba al sonido del grupo una dimensión que Auserón solo no habría podido construir, y la combinación de las dos inteligencias fue la que produjo el resultado que conocemos.

«Música moderna» (1980) y los primeros pasos

El primer álbum del grupo, Música moderna (1980), fue una de las declaraciones de principios más claras que produjo la Movida madrileña: canciones que mezclaban la nueva ola anglosajona con ritmos latinos y con una ironía intelectual que no era habitual en el rock español de la época. Las guitarras de Sierra en ese disco eran todavía relativamente convencionales —más influidas por el punk y la nueva ola que por el blues y el rhythm and blues que dominarían los discos posteriores—, pero ya mostraban la capacidad del guitarrista para crear atmósferas y para construir líneas melódicas que no competían con la voz sino que la acompañaban desde un lugar complementario.

Ese primer disco estableció también algo que sería fundamental para toda la trayectoria del grupo: la capacidad de Radio Futura para renovarse sin perder su identidad. Entre Música moderna y los discos de los años ochenta hay una distancia estética considerable, pero hay también una continuidad de valores —la seriedad artística, el rechazo del fácil, la búsqueda de un sonido que fuera auténticamente propio— que hace que todos los álbumes del grupo sean reconocibles como parte de la misma trayectoria.

«La ley del desierto, la ley del mar» y la madurez

Fue en La ley del desierto, la ley del mar (1984) donde el sonido de Radio Futura alcanzó por primera vez su plenitud, y fue en ese álbum donde las guitarras de Sierra revelaron toda su originalidad: una mezcla de twang americano, ritmos sincopados de origen caribeño y acentos flamencos que creaba una textura sonora absolutamente singular. Canciones como «La estatua del jardín botánico» y «Semilla negra» mostraban a un guitarrista que había encontrado su voz propia —que había dejado atrás todas las influencias para sintetizarlas en un lenguaje que era inconfundiblemente suyo— y que era capaz de construir con esa voz exactamente el tipo de música que las canciones de Auserón necesitaban.

El siguiente álbum, De un país en llamas (1985), profundizó en esa dirección con resultados igualmente extraordinarios: las guitarras de Sierra en esa grabación son algunas de las más inventivas y más perfectamente construidas de toda la historia del rock español, capaces de evocar al mismo tiempo el calor del Caribe, la aridez del blues rural americano y la tensión rítmica de la música afrocubana. Y todo eso en el contexto de canciones en castellano sobre la realidad española de los años ochenta: esa síntesis, que en manos de músicos menos talentosos habría sonado a pastiche, en Radio Futura sonaba como la expresión más natural del mundo.

«Escuela de calor» y el reconocimiento masivo

Aunque Radio Futura nunca fue un grupo de éxito masivo en el sentido comercial del término —sus ventas, considerables para los estándares del rock español, no alcanzaron las de otros contemporáneos más populares—, sí tuvo momentos de reconocimiento amplio que pusieron sus canciones en la cabeza de audiencias que no necesariamente seguían el rock de vanguardia. El más importante de esos momentos fue «Escuela de calor», una canción que se convirtió en uno de los himnos generacionales de los años ochenta españoles y que permaneció en la memoria colectiva mucho más tiempo que muchas canciones que habían vendido más.

En «Escuela de calor», las guitarras de Sierra hacían exactamente lo que él siempre había sabido hacer mejor: crear con dos o tres ideas musicales muy simples una atmósfera que era a la vez irresistiblemente bailable y profundamente hipnótica. El riff principal de la canción —una de las invenciones guitarrísticas más brillantes del rock español— es un ejemplo perfecto de economía musical: con las mínimas notas necesarias construye un mundo completo, y ese mundo es inmediatamente reconocible como el mundo de Radio Futura.

«Veneno en la piel» (1990) y el final

La canción de Juan Perro (1987) supuso otra vuelta de tuerca en la evolución del grupo, con unas guitarras de Sierra más depuradas que nunca, más capaces de crear con el mínimo de medios el máximo de efecto. El disco confirmó lo que los anteriores habían ido sugiriendo: que Radio Futura era uno de los grupos más importantes que había producido el rock español, y que su importancia tenía que ver con algo más profundo que el éxito comercial o la popularidad mediática.

Veneno en la piel (1990) fue el último gran álbum del grupo y alcanzó el número uno de ventas en España, el primer y único número uno en la historia del grupo. Fue también el disco en el que la salud de Enrique Sierra comenzó a ser un problema serio: la enfermedad renal que lo acompañaría hasta su muerte en 2012 ya estaba presente durante la grabación, y las dificultades que eso creó contribuyeron al deterioro de la situación interna del grupo que llevó a la disolución de 1992. El último concierto de Radio Futura tuvo lugar el 30 de septiembre de 1990; durante los dos años siguientes el grupo subsistió en una situación de latencia antes de anunciar oficialmente su fin.

El guitarrista pionero: el primer videoclip del rock español

Entre los méritos menos recordados pero más significativos de Enrique Sierra y de Radio Futura está el haber protagonizado en 1981 uno de los primeros —si no el primero— videoclip del rock español: un pionerismo que dice mucho sobre la ambición artística del grupo y sobre su conciencia de que la música popular estaba cambiando y de que los nuevos medios —la televisión, el vídeo, la imagen en movimiento— iban a ser fundamentales para la difusión de la nueva música. Ese instinto para estar en la vanguardia, para hacer las cosas antes de que los demás las hicieran, fue una de las características que distinguió a Radio Futura de sus contemporáneos y que contribuyó a la enorme influencia que el grupo ejerció sobre las generaciones de músicos que vinieron después.

En 1989, Radio Futura fue votado como el mejor grupo español de los años ochenta en varias encuestas de referencia, un reconocimiento que llegó en el momento en que el grupo estaba preparando lo que sería su último gran álbum y que confirmó lo que los críticos y los aficionados más atentos habían sabido desde hacía tiempo: que la música de Radio Futura había definido una década de maneras que no siempre habían sido evidentes en el momento pero que se volvían más claras a medida que pasaba el tiempo.

El legado de Enrique Sierra

Enrique Sierra murió el 18 de febrero de 2012 en Madrid, a los 55 años, como consecuencia de los problemas de salud que habían marcado su vida desde los años en que Radio Futura estaba todavía activo. Su muerte fue recibida en el mundo de la música española con la tristeza que corresponde a la pérdida de un músico que había contribuido de manera decisiva a la creación de uno de los legados más ricos del rock en castellano, y con el reconocimiento de que la guitarra de Sierra había sido una de las más originales e influyentes que había producido la música popular española en el siglo XX.

Su legado vive en las grabaciones de Radio Futura —La ley del desierto, De un país en llamas, Veneno en la piel— y en la influencia que esas grabaciones han ejercido sobre generaciones de guitarristas españoles que encontraron en el sonido de Sierra un modelo de cómo se puede hacer algo completamente original a partir de influencias que vienen de muy lejos. Cada vez que un guitarrista español busca un sonido que sea a la vez enraizado en la tradición y abierto al mundo, la sombra de Enrique Sierra está presente, aunque muchas veces no se sepa exactamente de dónde viene esa sombra.

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