En 2002, Mike Railey disfrutaba de una jornada de tow-in, una diciplina de surf en el que el rider es remolcado por motos de agua para llegar a las olas más alejadas de la costa. Mientras esperaba a ser arrastrado hasta la siguiente ola, el estadounidense pensó cuánto le gustaría no necesitar ayuda, que su tabla estuviera motorizada. Acababa de idear WaveJet Propulsion, un revolucionario sistema de propulsión de tablas que, 10 años después, ya es una realidad llamada a revolucionar este deporte.

El invento es, sobre el papel, sencillo: un mecanismo de aluminio, colocado en la parte inferior de la tabla, que expulsa dos potentes chorros de agua gracias a una batería de litio cuya autonomía (utilizándola continuamente) es de entre 30 y 45 minutos.

El surfista puede desplazarse a 12 millas por hora (19 km/h), esto es, cuatro veces más rápido que remando al estilo convencional. Además, controla el motor gracias a un dispositivo inalámbrico que se ajusta a la muñeca, dejando totalmente las manos y los pies libres para dirigir la tabla. Desde esta muñequera se ajusta la velocidad y el nivel de carga y cuando ésta se aleja de la tabla, es decir, cuando uno cae al agua, el motor deja de funcionar.

Uno de los embajadores de WaveJet es Garret McNamara, el surfista que el año pasado cabalgó una ola de 27 metros de altura [vídeo], la que dicen es la más grande de la historia del surf. El norteamericano despeja las dudas a los que piensan que este artilugio es para vagos: “Ahora practico el doble en la mitad de tiempo”.

El WaveJet puede ser utilizado en tablas de surf, stand-up, bodyboard, gun (para olas gigantes) o tablas de rescate. Su precio supera los 4.000 dólares (unos 3.100 euros), tres veces más que las convencionales y la empresa espera comenzar a comercializar sus productos el próximo mes de abril.





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