“Apple está afrontando su ‘momento Nike'”, ha asegurado la coordinadora internacional de United Students Against Sweatshops (USAS, por sus siglas en inglés), Teresa Cheng. USAS es una organización estudiantil que analiza condiciones laborales en distintas fábricas. La declaración de Teresa Cheng hace referencia a las acusaciones en los 90 de que los proveedores de Nike trataban mal a sus trabajadores.

Tal es el dominio del fabricante del iPad y el iPhone en el sector tecnológico que su respuesta al informe de la organización sin fines de lucro Fair Labor Association (FLA) -previsto esta semana – podría afectar a las condiciones de trabajo en la vasta cadena de suministro electrónico en toda China.

Nike fue criticada en los medios de comunicación y la opinión pública porque sus proveedores en Asia obligaban a sus empleados a trabajar muchas horas sin descanso y les pagaban una miseria sin beneficios.

La respuesta de la compañía de ropa deportiva -y lo que algunos definen como los errores que cometió- podrían ofrecer una hoja de ruta a Apple, que ha afrontado una mala prensa similar tras producirse muertes y presuntos suicidios en sus proveedores chinos.

Tres trabajadores de Foxconn Technology murieron en una explosión el año pasado cuando se incendió el polvo de pulir los iPad y grupos de derechos laborales dicen que 18 empleados en instalaciones de esa empresa se suicidaron o lo intentaron en el 2010. La gran mayoría de los 1,3 millones de empleados de Foxconn participan en el ensamblado de productos de Apple, según diversos medios.

Apple contrató equipos de FLA para entrevistar a 35.000 trabajadores en tres fábricas de Foxconn, que ensamblan los iPad e iPhone además de dispositivos para otras marcas muy conocidas.

El informe provisional de la entidad sobre los proveedores de Apple basado en entrevistas anónimas en las últimas tres semanas podría tener similitudes con el caso de Nike.

“Problemas en tu cadena de suministro pueden dañar realmente tu reputación a nivel global, muy rápidamente”, ha asegurado el director del centro chino Brookings Institution y autor de ‘Managing the China Challenge: How to Achieve Corporate Success in the People’s Republic’. (Gestionar el reto de China: Cómo lograr el éxito corporativo en la República Popular), Kenneth Lieberthal.

EL CASO NIKE

A principios de los 90, cuando los medios y activistas comenzaron a informar de las condiciones de proveedores de Nike en Asia y América Central, la empresa impuso amplias reformas diseñadas para erradicar el maltrato al trabajador y después abrió esas operaciones a la inspección.

Elaboró un código de conducta para los contratistas, que les requería tener lugares de trabajo donde no hubiera acoso o abusos. No podían contratar a menores de edad, debían pagar al menos el salario mínimo y llevar una contabilidad clara de cada periodo de paga, sin deducciones por infracciones disciplinarias. También impuso normas sobre el tiempo extra y los días libres. Nike lidió así con sus críticos.

“El cambio más significativo para Nike fue cuando comenzó a sentarse con las mismas personas que habían sido críticas hacia nosotros y no planteó una conversación de negación sino una conversación para resolver los problemas”, ha explicado la vicepresidenta de negocios sostenibles e innovación de Nike, Hannah Jones.

Pero algunos problemas, y críticas, persisten. El año pasado, uno de los contratistas de Nike en Indonesia acordó pagar a más de 4.400 trabajadores un millón de dólares tras quejas de que eran forzados a trabajar horas extra sin pagárselo. Cuando se identifican los problemas, se abordan, dijo Jones. Algunos problemas, no obstante, pueden pasar inadvertidos.

“No tenemos vacíos en nuestros procesos, pero estamos hablando de unas 1.000 fábricas sólo para Nike en 52 países con cerca de un millón de trabajadores en ellas”, explicó Jones en una entrevista esta semana.

 

Fuente: elEconomista.es





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